Milestones

Ayer cumplí 100 días sin fumar.

Es la tercera vez que dejo de fumar. Me permito ya llamarle a esta aventura “dejarlo” porque 100 días ya es algo significativo y porque ya no siento esa ansia de fumar. A veces, muy a veces, siento antojo. Que es muy diferente. Pero luego me acuerdo de lo que conlleva ese antojo (el asqueroso sabor en la boca, el sentirme observado y juzgado, la culpa de tirar la ceniza hacia abajo, la culpa después de fumar) y se me quita, fácil.

Es la tercera vez. La verdad es que marcar las otras dos veces es un duro ejercicio de memoria, pero sé que duraron al menos unos años cada una. Tres años? Cinco años? Quién sabe. La última vez que volví a fumar, recuerdo bien, lo hice porque “me gusta fumar.” Y, en cierta medida, es cierto. Me gusta tener eso, mío. Me gusta cómo me hace sentir durante. El rush de la nicotina es rico. Me gustan los Zippo. Hasta era un bonding experience con mis hermanos (creo que en parte por eso empecé, in the very beginning).

Al escribir el título del post me puse a pensar. Milestones. Sí, mile stones. Markers. Pero también, en cierta medida, millstones. Nos pesan, estas metas, porque vivir pensando en “el camino” es durísimo. Qué pasa una vez que llegas? Buscas otra meta? Vives constantemente en búsqueda de otro reto? Qué tensión. Qué estrés.

Pude celebrar varios milestones este año. Algunos los he celebrado, en privado. Algunos otros, pocos, en público (o al menos con selecta compañía). Algunos los he minimizado, porque siento que el camino todavía no acaba. Pero otros más quiero eliminarlos, borrarlos de mi memoria, ni siquiera considerarlos como logros. Y otros más, los persigo, y en esta persecución los alejo cada vez más. Millstones.

Completamente sin relacion: acabo de darle zoom out a la página (por accidente, algo tremendamente fácil de lograr con el touchpad) y me doy cuenta que WP se ve muchísimo mejor en 50%. Un poco de esfuerzo para los ojos, tal vez, pero le da muchisima más perspectiva a lo que estás escribiendo. El zoom por default te centra demasiado en un párrafo y no te da un sentido del contexto del post. Le doy like!

En fin, solo quería escribir algo para conmemorar el momento. 100 días. Here’s to 1000.

¿Porqué es importante saber de ‘la política’?

Hace un par de años me decía un buen amigo que era importante que yo le hiciera caso a “esas cosas de la política” que, por admisión propia, no me interesaban. Lo veía como un desperdicio: tenía cosas más importantes que hacer. La escuela, el trabajo, la novia, el americano… “¿A mí que me importa? Nada más pierden el tiempo y cuando algo no les parece, paran el tráfico y molestan a la gente.”

Mis amigos me comentan que, en este respecto, he cambiado prácticamente 180 grados en muy poco tiempo. Nadie se lo explica, y a la mayoría le incomoda; dicen que me he vuelto muy “grillero”, o que siempre ando “con lo mismo”, y que este tipo de conversación cansa y debería dejarla, mejor, para “otro momento”. Independientemente de que ese ‘otro momento’ parece estar agendado para un 29 de Febrero (no “nunca”, pero ciertamente muy lejos y en periodicidad alargada), me da curiosidad la reticencia que antes observaba casi religiosamente en mí mismo. Me he puesto a pensar en las razones que tiene uno para alejarse del tema, y porqué es importante evitar este alejamiento.

Primero, la raíz del problema. Cuando hablamos de “la política”, nosotros los mexicanos tenemos usualmente un cuadro mental muy definido: si no estás “metido en el negocio” (i.e. eres ya un político profesional), entonces seguramente eres un “palero”, “grillero”, “agitador”, o “borrego”. Cada uno tiene su significado muy especial, y no ahondaré en el tema porque casi todos conocemos estas palabras. En resumen: no tienes algo mejor que hacer. Te empecinas en “hacer borlote”, o te gusta “ir a la bulla”, en vez de hacer “algo productivo” – o, como le encanta decir a la gente, “ponerte a trabajar”. Las razones de esto, creo yo, se pueden rastrear a cómo la mayoría de las personas percibimos “la política” por primera vez.

En la escuela, nos enseñan los conceptos de democracia, igualdad y participación desde muy jóvenes – al menos según dicen los programas oficiales de la SEP. Sin embargo, ¿cuánta igualdad se demuestra en los salones de clase? ¿Cuánta participación se fomenta? Yo recuerdo muy bien los abucheos y minimizaciones de los alumnos considerados como “los más mensos”, así como la glorificación de “Nuestra Señora Directora”, etc. En ese respecto, ¿con qué tipo de educación política creen que se forman los niños y niñas? Y ni hablar de nuestras casas: cuando hablamos de “la política” real, la de “los adultos”, los comentarios suelen ser derogatorios – orientados a “son una bola de corruptos”, sentimiento que no es actualmente errado – o peor aún, minimizadores: “pues sí, así son las cosas… ni modo”.

¿Y qué pasa cuando salimos al mundo? La extensión de la “cultura política” en el mundo de los adultos parece resumirse en los spots del IFE para promover el voto: desde su formación, hemos pasado del 67%, al 63%, al 59% y al 64% en las elecciones presidenciales. El abstencionismo electoral es un problema tremebundo, primordialmente fundamentado en el hecho de que las elecciones mexicanas parecen ser inútiles (un hecho, a su vez, primordialmente fundamentado porque tenemos un sistema de mayoría proporcional – algo que conviene discutir a detalle en su propio post, después). Esto puede ser comprobado fácilmente con cifras del crecimiento económico – otro tema que también, insisto, merece su propio post – pero para la vasta mayoría de la gente la evidencia numérica es redundante. En su mayoría, el ciudadano mexicano está tan jod– ahem, tan amolado – como lo ha estado siempre.

Esta inercia socioeconómica, por ponerle algún término rimbombante, codifica en nuestras mentes que eso de “la política” es una inutilidad. ¿Qué caso tiene “ir al borlote” (llámese este una marcha, elección, o incluso una discusión amistosa) si nada va a cambiar? La inercia, aparentemente, genera más inercia.

Por otro lado está la parte de corrupción de nuestros representantes. La vasta mayoría de los mexicanos aceptamos como un fact of life que los políticos son corruptos, aunque esta sea una idea nebulosa que no necesariamente está fundamentada en evidencia. Es un “feeling”. Una de esas cosas que “se saben”. Lo escalofriante es lo certero que es este sentimiento. La evidencia es vasta y diversa: los representantes plurinominales (donde el problema no es tanto el concepto, sino la implementación), el maluso de recursos públicos, el descarado cinismo (o tal vez indiferencia) de “las autoridades” ante el sufrimiento del pueblo… aunque esto, debo reconocerlo, no es ajeno de la población en general. Al ciudadano promedio de Ciudad Juárez poco le importa el “indio” tarahumara de su propio estado; mucho menos a un “Godínez” cualquiera del DF.

Después de alienar a la mitad de los lectores (o causar una explosión de pestañas con tanto link), creo que quedan claras las razones de este desentendimiento general del tema. Más al punto: ¿Porqué es importante “meterse” en el asunto?

Y que conste, no hablamos de lanzarse por un puesto de elección popular, aunque no es cosa del otro mundo. El punto es: ¿en qué nos beneficia una participación más activa en los temas del ramo político? La respuesta es sencilla: porque el valiente vive hasta que el cobarde quiere. ¿Porqué tenemos políticos tan corruptos y tan cínicos? Fácil: porque los dejamos. ¿Porqué se derrochan cantidades tan obscenas de dinero en banalidades, una y otra vez? Porque han aprendido que poco se les cuestiona. ¿Cómo logran pasar leyes y reformas tan terribles (escoge aquí tu ejemplo)? Porque nadie protesta, porque los seguimos votando (o dejamos que los voten) en sus puestos. En resumen: porque no participamos.

Dice Fernando Savater (via Denise Dresser) que “El ciudadano favorito de las autoridades es el idiota” y habla con una boca llena de razón, como dijera mi madre. Así nos quieren: idiotas. Desinformados. Apáticos. ¿Ya estuvo bueno, no?

Hay muchas maneras de participar: ir a marchas, sí, pero también fomentar la discusión de estos temas en los hogares y con los amigos, el tomar el voto como una responsabilidad cívica, y no como una molestia o algo que “a mí no me toca”. Recordar que no son “las autoridades” aquellos que se encumbran en su “poder”, son servidores públicos, representantes de la voluntad popular. Estudiar bien estas palabras: servidor no es derogatorio, y la voluntad popular no significa que todo tenga que ser un referéndum. Recordar lo que (supuestamente) enseñan desde la primaria: que todas estas cosas son nuestro derecho, y más aún, nuestra obligación como ciudadanos.

Sí, dije obligación. No porque no seamos habitantes de la Sierra quiere decir que el destino de los que sí lo son nos es ajeno. Todo nos afecta: así funciona nuestra economía, y nuestra sociedad. Si mi hijo o hija atienda una escuela particular no me exime de las particularidades de la reforma educativa. Si yo ando en bicicleta, no significa que no me afectan los resultados de la reforma energética. Y sí, hay mejores expertos que yo en el tema; pero eso no quiere decir que no pueda aprender más, entender mejor el tema, y opinar acordemente. La postura de “I got mine” (algo así como “yo ya tengo mi trabajo/casa/familia/salario, ¿a mí que me importa?) únicamente lleva a que, eventualmente, dejes de tenerlo.

De otra manera, estamos condenados a más de lo mismo.

Memorias de la facultad: Examen de admisión

Con el motivo de mi próxima titulación, “Memorias de la facultad” es una serie donde recuerdo mis días en la Facultad de Ingeniería de la UNAM.

Mi examen de admisión a la UNAM fue el domingo 2 de marzo de 2003, a las 8 AM. Vaya que si recuerdo bien la fecha y hora.

En México, para los que no se lo sepan, la UNAM es la mayor (y, en mi humilde opinión, la mejor) universidad del país. Por número de alumnos, es aproximadamente un 50% más grande que la segunda mayor universidad del país, el Instituto Politécnico Nacional. Por extensión territorial, es inmensa: conjuntando todas sus instalaciones excede las 700 hectáreas (es decir, el doble del tamaño de Londres, o más del triple que Mónaco) y su campus principal (300 hectáreas) es Patrimonio de la Humanidad.

Más aún: en México, entrar en la UNAM es algo especial. Cada año se ofrecen alrededor de 15,000 espacios para nuevos alumnos; y cada año, más de 150,000 alumnos buscan un lugar. Que por estadística tengas una probabilidad de 1/10 de entrar es suficientemente malo, pero la realidad es que no para todos es igual. En la última convocatoria de la Facultad de Ingeniería, para la carrera de Ingeniería en Computación aplicaron 960 personas (de las cuales “solo” 876 presentaron examen): 42 fueron seleccionados. 4.7% de probabilidad estadística. Uff…

Yo creo que en mi año eramos más estúpidos, porque cada año el ingreso depende de tu calificación, y de la calificación del top 40 (o cuanto lugares sean ofertados). Si tu calificación está entre esas mejores X, tienes lugar. Para desempates: promedio de prepa y otras particularidades de tus trámites. El punto es que el año pasado, el corte estuvo alrededor de 92 aciertos (de 120, si las cosas siguen igual); yo entré con 86. En fin, así es la vida. Niños estúpidos de hoy, no odien a uno de su clase por tener suerte de nacer 10 años antes que ustedes.

Pero… cómo llegamos a ese punto? Ah, la historia es corta pero divertida. La noche anterior, salí con mis hermanos. Hubo alcohol, desvelada, cigarros… y acabé llegando a mi casa a las 4 AM. Evidentemente cansado, y con el compromiso de ver a mis amigos a las 7 AM para irnos al examen, tuve la brillante idea de dormir una hora. Les digo que eramos más estúpidos en mi época. Total que puse la alarma, me dormí… y mi alarma pasó sin pena ni gloria, porque no escuché absolutamente nada. Siendo domingo, y mis papás teniendo el sueño muy pesado (como yo), supusieron que se me olvidó apagar la alarma para el fin de semana, y la silenciaron por mí. Obviamente, yo estaba en un sueño tan profundo que ni cuenta me dí. Y cuando desperté, ni el dinosaurio ni mi consciencia estaban ahí. Me tomó un par de segundos recordar – domingo, examen… sol, ya da el sol en la ventana! Putamadre, qué hora es??

7.45

Horror. Ensoñaciones de padres decepcionados, compañeros burlones y el eterno arrepentimiento de tomarme ese último tequila. Desperté a mi papá como loco – “Pá, pá, levántate ya, LEVÁNTATE QUE SE ME HIZO TARDE! YA NO LLEGO A MI EXAMEN!!” y, en una de las mejores actuaciones al volante que he visto en mi vida, llegamos del centro de la ciudad a Constituyentes en 15 mins. Estos fueron los sustos que le agudizaron la diabetes a mi mamá, estoy convencido. Y apenas llegamos… 8.05 AM. El de la puerta me vió medio feo (iba yo en un estado híbrido-etílico que solo puedo denominar como crupedo; ojeroso, sin bañarme y con el cabello hecho moronas), pero finalmente traía mi hojita y mi identificación, y me dejaron pasar. De reojo ví los restos de la mañana: los cordoncitos esos que utilizan en el cine y en el banco para hacer una fila, la banqueta tapizada de papelitos, virutas y vendedores cuyo stock no se acabó, pero que hicieron una buena venta. Caray, igual que cuando fuí a registrarme para el examen… ahí vendían los lápices a 10 pesos! Jajaj… a…. umm….

Fuck. No traigo lápiz.

Llegué a mi salón asignado y (muy afortunadamente) me encontré a un amigo de mi prepa. Al llegar repetí el proceso de la mirada del vigilante de la puerta multiplicado por 40: los presentes aspirantes y la encargada de brindarnos las instrucciones para resolver el examen. Ignorando completamente las mismas instrucciones que escuche 40 veces en los cursitos que nos dieron en la prepa para preparnos (“…recuerden llenar completamente el círculo correspondiente a su selección. En la primera página encontrarán ejemplos de formas correctas e incorrectas de llenarlos…”) volteé con mi amigo (“tienes un lápiz que me prestes?”) y después de ver su cara de desaprobación por mi crupedez, me prestó su lápiz de “entrenamiento”, ese al que le quedaba media vida y que no tenía mucha punta. Pero bueno, limosnero con garrote no soy.

Súper. Tengo lápiz, estoy aquí, ya no me pueden sacar. A darle átomos!

Cuando volví a levantar la cara había terminado mi primera sección, y *todos* los aspirantes seguían ahí. Volteé a ver el reloj y faltaba algo así como hora y media para que terminara nuestro tiempo. Pensé “no, esto no es normal” y le dí una revisada al examen. No, todo perfecto: la mitocondria sí sintetiza ATP y Gabriel García Márquez sí es un representante del realismo mágico. Sigo sin saber que onda con los iones hidróxidos pero eso no va a cambiar en la siguiente hora y media. Zaz, ya es hora y cuarto. Volteo a mi alrededor (muy consciente de que en esto o se es súper sutil o súper obvio, porque algo intermedio solo va a lograr que te saquen) y todos están enfrascados en su examen. Chale. Pues lo que vaya a pasar va a pasar. Entrego mi examen y me salí.

Allá afuera, en el medio tiempo, fumé unos cigarros y esperé a mis amigos. Escuchaba conversaciones típicas (“ATP? No seas mensa, las mitocondrias son las que segregan clorifila!”), con mayor o menor desesperación en la voz (“no mames. Ya es mi tercer examen de estos y se ponen más cabrones cada vez”). Finalmente salió uno de mis amigos comentando que estuvo bien fácil. Yo me quedé pensando en aquello de las mitocondrias (“será que la biología cambió durante la peda de anoche?”) y que, a los únicos que ví salir alrededor del tiempo que yo salí, fue a tres o cuatro chavitos que se fueron bien nerviosos, con todo y mochila, lejos de ese lugar. A lo mejor vieron el examen y les dió miedo la dificultad, a lo mejor eran contratados para ir, anotar las preguntas, y salir volando. Como fuera, los “confiados” (esos que salen antes que todos, pero no *tan* antes) salieron como a 30 mins de acabar el tiempo, y la VASTA mayoría salió en manada 5 mins después de acabarse el reloj. La obligatoria intervención de “porqué no llegaste a las 7”, “apestas a alcohol – toma este chicle” y “no mamen, ese wy llegó pidiendo un lápiz” hizo que se pasara rápido el tiempo, y como si nada ya teníamos que entrar a terminar el examen.

La segunda parte fue mate, historia, y otras menudencias. Igual salí con mucho tiempo de sobra, y francamente para cuando acabé ya ni revisé. Aquí me empezó a pegar el sueño, la briaguez y la absoluta falta de revisión de temas en la última semana, y comenzé a llenar bolitas como a dos pasos del “ave maría”. Respuesta que se viera bien, respuesta que recibía una bolita llena. No me importaba mucho recordar mis clases, o las notas de estudio, porque francamente lo que quería hacer más que otra cosa en el mundo era vomitar y dormir.

Para cuando salieron mis amigos llevaba yo como 6 cigarros en el día, hubiera dado mi brazo izquierdo por unos lentes oscuros, y a mis amigos se les ocurrió la brillante idea de irse caminando al metro (y claro, como nadie de nosotros conocía la ciudad en aquellos días mozos, acabamos caminando hasta el metro Chilpancingo). Llegué a mi casa hecho una piltrafa, identifiqué mi cama, y me dispuse a dormir. Y dormir…

Las siguientes semanas trajeron terribles sentimientos de culpa, pues todos mis amigos tenían asombrosas habilidades que yo no, como por ejemplo recordar qué demonios contestaron en el examen. Para cuando llegaron los resultados a mí ya me valía pepino: estaba convencido de que no me había quedado, no había forma de que un briago contestara suficientes reactivos para quedarse en geológica (50 aciertos necesarios), mucho menos para computación. El día que iban a salir los resultados, me despertó un amigo (el mismo del lápiz) preguntándome que si me había quedado; en aquella época no teníamos twitter. Le dije que no (“ehh? quién habla? Aquí no vive Sergio, puto, déjame dormir!”) y me comentó que podía ir a comprar la gaceta al puesto de periódicos, porque la página de internet tenía algo raro y no se podía entrar. Ya despierto, pues qué más iba a hacer.

Folio 1234… a ver aquí están los 1000…. 1200… 1234…

1234 A

Ah, no mamar. “A” de “A huevo que te quedaste, chavo, pásale pa’cá!” “A” de “A que no te la crees, pinche borracho.” “A” de “Aceptado”.

“A” de “Aceptado”.

En otras casas, esta historia estaría seguida de unos tamales, o la familia saliendo a celebrar, o no sé, un puerco sacrificado ceremonialmente. Definitivamente algo que tuviera que ver con comida, porque en México celebramos toda ocasión especial con una comida que nos acercará un poquitín más a la muerte temprana (por la comida o por los alcoholes). En mi casa, bendito sea Buda, el anuncio recibió un “pues felicidades!” y todos seguimos en nuestras actividades normales. Yo me sentí… aliviado, más que nada. Podía continuar mi caminito.

La SOPA y otros condimentos

Pues formalmente acabo mi protesta, después de 100 (?) horas de blackout. Bueno, digamos que lo quise dejar unos días… y ya perdí la cuenta 😀

Si a alguien le interesa aún leer *porqué* hubo un blackout en sergiob, con todo gusto dejo el link.

Pero la SOPA no fue lo peor que me pudo pasar esta semana. Nop, lo peor que me pudo pasar esta semana fue una taza de café… mejor dicho un termo… que acabó bañando mi lap. Sí, mi nueva lap. Esta secándose en estos momentos allá en la oficina; veremos mañana si todavía funciona. Y si no, como dice Homero… vuelve a crecer, no? O la volvemos a comprar :3

En fin… en otros temas estoy preocupado porque me la vivo cansado y no sé porqué. En serio, en las mañanas voy manejando a la chamba y tengo un sueño… después de 6, 7, 8 horas de sueño! Esto no me pasaba en la facultad. Igual no me estoy tomando mis vitaminas… ah, pero que tal en la noche, eh! Bloggeando y toda la cosa.

Otra vez dejé un poco abandonado estos lares del blog. A ver si a partir de mañana cambio las condiciones. Conocí un nuevo blog que me llamó mucho la atención, curiosamente de un link en twitter. Ahí lo pueden ver ustedes en el blogroll (un poco más abajo a la derecha, si estan leyendo este post como el primero).

Saludines… ya no tomen café si no saben aguantar los efectos… XD

“Late” night crusin’

What I want, you've got
But it might be hard to handle
Like the flame that burns the candle
The candle feeds the flame yeah yeah
What I got -- full stock of thoughts and dreams that scatter
And you pull them all together
And how I can't explain oh yeah
Well well you (ooh ooh ooh ooh) you make my dreams come true (you you) you
(you you)

Ok, no es un “code”…

He aquí unas verdades fundamentales de la vida:

– Conforme avanzas en edad (y rutina, y responsabilidad), te cuesta más trabajo desvelarte.
– Conforme avanzas en edad (y rutina, y responsabilidad), más te gusta desvelarte.
– Desvelarte es la ÚNICA (acentuado para no tener problemas de copyright con la FI) manera de programar algo que valga la pena.

Ergo… conforme avanzas (bla bla bla), más te gusta programar (WTF, old dude?). O al menos buscar la solución a los problemas computosos. Estúpido moodle, pero a la vez bello moodle.

Por cierto, me gustaría saber cuáles son las mejores canciones para programar. Tengo propuestas:

– Orbital: Halcyon (and on and on). Está en mi iPod como “Mortal Kombat Symphony” porque el soundtrack me lo bajé de interné y no tenía el nombre de las canciones. Y se callan, MK es la neta… Tiene dos grandes cosas a su favor, esta rola: no tiene letra (salvo algunos cánticos medio ballenescos) y es laaaarga. Muy buena por si tienes chance de poner una y ya.
– The Dandy Warhols: Bohemian like you. “oooh-ooh oooooooh!” Por cierto, WTF significa “I’m feeling bohemian like you”? Obviamente los grititos son buenos para celebrar una línea particularmente inteligente, o haberle entendido a la documentación finalmente (quién diablos se imagina que String.Format toma CUALQUIER OTRA COSA SALVO UN STRING COMO PARÁMETRO en ciertos casos? O sea, digo, no mamen…)
– Héroes del Silencio: Apuesta por el Rock ‘n Roll. “Y no sé si nací para correr… pero quizás sí que nací para” compilar? Geeky as fuck. Y también porque no hay lista de mejores canciones sin Bunbury. Eso me recuerda: el dolor en la planta del pie es 1) pie plano, 2) plantar fasciitis (como se diga en español), 3) gordura extrema, o 4) psicosomático?
– Smash Mouth: Walkin’ on the sun. Igual es porque así van saliendo en el iPod, entre 7 millones de canciones inútiles (por cierto, qué será mejor? Limpiar tu música de todo lo que no te GUSTA TREMENDAMENTE, tener un segundo dispositivo para esas canciones que son doubleplusgood, o resignarte a la diversidad?) De cualquier forma, si puedes cantar la canción y seguir programando sin poner “INSERT INTO fashion will be smashing WHERE the true meaning” ya la hiciste… igual es para rondas dobles de programación.
– Edward Maya, Vika Jigulina (really? Jigulina??): Stereo Love. Y en la misma idea:
– Röyksopp: Follow my ruin. Esta la conocí en el taller de Yopas. Me cae que no me gusta la electrónica (o dance, o house, o techno, o como les digan hoy en día – y casi puedo apostar que estas dos no son del mismo género. Fuckers), pero de repente como que sí. Igual es porque parecen un loop de lo mismo y entonces no te distrae tanto. Pero si un loop musical te traba en un loop mental??? Qué entonces, carajo?! Igual ya es la hora.

Se aceptan sugerencias…

P.D. Sí, el último post estuvo muy raro. Juro que no nació de un motazo…

Porque ya ha pasado mucho tiempo

… sin que te diga lo mucho que te amo…
… sin que te diga lo mucho que te extraño…
… sin que te diga lo mucho que te respeto…
… sin que te diga lo mucho que te añoro…
… sin que te diga lo mucho que lo siento…
… sin que te diga lo mucho que cambiamos…
… sin que te diga lo feliz que estoy…

Un día de estos, me voy a ir de la faz de la tierra y voy a lamentar no haber dicho todas esas cosas. Supongo que ahora es tan buen momento como cualquiera. Lo curioso es que cuando uno piensa en el posible receptor de estas frases, lo primero que te imaginas es a tu familia, o tu novia, o tus amigos (y vaya que estuve pensando en qué orden poner esos grupos)…

Jaja, bueno, qué carajos estoy diciendo? Si me muero no voy a lamentar nada. Tal vez mientras me *esté* muriendo. Pero ya después… bah. Te vuelves parte de la conciencia merol y listo. No voy a lamentar nada – si acaso voy a descomponerme sin gracia. Ni gracias 😛 Pero está interesante contemplar que, como con todas las cosas, la procrastination está a la orden del día. Y… pues bueno, supongo que sigo haciéndolo.

Hoy fue un lindo día, de hecho. Sol brillando, pájaros cantando, la gente alegre y poco tráfico. Pasó algo interesante en el camino: no subí de 80 km/h. Fuí a comer con Tona… no, momento. Fuí a comprar una memoria RAM que en un capricho quise conseguir yayayayaya y de paso dejé a los pobres becarios a quienes les estoy dando clase vestidos y alborotados, la tercera clase acortada en 6 días. Digo, finalmente ya acabamos el material que ibamos a ver, pero… aún así me siento. Hmmm… sucio? No. Irresponsable? Tampoco.

Ajá! Socialmente inadecuado. Tona tuvo que aguantarse el hambre (bueno, no completamente. Comió unos cuantos Trix en el camino), y todo para que el estúpido Best Buy no tuviera el DIMM que quería. De regreso pudimos conseguirlo, aunque fue imposible utilizarlo – mi Debian está a 32b. Lo cual, por supuesto, redituó en que Javier me hiciera una USB booteable. Que… no funcionó. Creo que ni las gracias le dí.

Hmm. Tal vez no estoy hilando ideas adecuadamente. Aparentemente el sueño es un recurso valioso.

Dejémoslo así: llevo una semana viendo Breaking Bad desde el principio. Culpo a las arañas.

Un olímpico

A mí jamás me ha gustado el futbol.

Bueno, ni siquiera le digo futbol (o fútbol, como dijeran algunos). Es siempre soccer. Y es que no tiene en mi parecer todo lo que define a un deporte: no hay gran demanda física (salvo para los mediocampistas), no hay grandes golpes, heroísmo físico de sobreponer dolor, cansancio y fatiga extrema; vamos, no tiene pasión. Y es evidente que el punto será rebatido incansablemente – digo, el término “pasión futbolística” prácticamente viene en la sangre en el mundo, y qué decir de mi país de México.

Mi deporte, durante toda mi vida, ha sido el futbol americano. Tan es así que he ido a todos los partidos que se han realizado en el país, incluyendo más recientemente el primer partido de temporada regular realizado fuera de los Estados Unidos: el 2 de Octubre de 2005, entre San Francisco y Arizona. Fue un día interesante por muchas razones: primero que nada, el aspecto histórico del partido (y, hasta la fecha, el récord de asistencia: una impresionante cifra de 103,467 almas en el Azteca); por supuesto cuenta también la fecha en que se realizó, muy dolorosa para México; y también, algo olvidado, queda que ese día la selección Sub-17 de México ganó su primer campeonato mundial, 3-0 contra Brasil en el mundial de Perú 2005. Recuerdo muy bien que, durante los calentamientos de los equipos en la cancha, el estadio se prendió tremendamente al anunciarse por los altavoces que México anotaba su segundo y tercer goles, así como cuando anunciaban el pitazo final del partido. Por supuesto que también recuerdo como la cancha comenzó netamente pro-San Francisco, y cómo los Cardenales fueron poco a poco ganándose a la afición con mejor desempeño en el campo (que, contra esos 49s, francamente no era gran hazaña), pero, curiosamente, se me queda bien grabado cómo el país (o al menos la muestra representativa que teníamos en ese estadio) se encendió con la noticia de sus chamacos campeones.

Total que 6 años después esos chamacos ya están en la mayor o consiguiéndose chicas trabajadoras en Perú, pero también se juega otro mundial Sub-17 (o U17, como le dicen fuera de América) donde México está tanto de anfitrión, como compitiendo. Y hoy tuve el gusto de presenciar un partidazo, donde los mexicanos acaban (hace unos minutos apenas) de reservarse un boleto en la final, contra el equipo de Uruguay. Pero, qué partido se aventaron.

Previo al encuentro la noticia era que Alemania, como favorito del mundial, presentaría una importante experiencia de aprendizaje para el equipo mexicano, quien por supuesto saldría con todo a la cancha. Traducido al español: muy probablemente nos madreen, pero hasta de eso se aprende. Y la verdad es que los alemanes, por lo que mostraron en el partido, verdaderamente son una selección imponente: de entrada el perfil físico, pero también su técnica son cosa de cuidado. Y México, aunque muy aguerrido y con ventaja de local, sería meramente un tope en la coronación de la selección europea.

La perspectiva cambió al minuto 3, con gol de Julio Gómez, aunque los alemanes rápidamente corrigieron en el 10 y aparte se fueron adelante en el 59, momentos después de que Gómez y Jorge Espericueta se combinaran para esta jugada al minuto 53:

Tiro a gol de México. ¡Parecía el segundo! Julio Gómez desbordó por la derecha y centró con potencia; Bueno no logró rematar pero tocó atrás para Espericueta, que pateó de primera, y el arquero alemán voló para salvar sobre la línea.

Y pues ahí quedaba: México jugó bien, pero no pudo contra Alemania. Digo, no le iban a dar la vuelta, verdad?

Al minuto 75 México tenía, después de varios desesperados ataques a la portería alemana, tiro de esquina por el lado derecho. Y fue entonces que Jorge Espericueta se aventó un jugadón, algo que probablemente voy a recordar por mucho tiempo. Su tiro de esquina, usualmente apuntado para que alguien más remate y meta gol, entró por sí mismo a la portería, rebasando al portero y a dos jugadores (Khedira por parte de Alemania, Julio Gómez por México) que chocaron cabezas y salieron lesionados. Gómez en particular era preocupante: se abrió literalmente la cabeza, sangrando su uniforme y dejando a México, quien ya había realizado sus tres cambios, con 10 jugadores por lo que parecía el resto del partido. OK, no importaba mucho: México ya estaba empatado y enfilado para los penales.

Unos minutos después, portando una serie de vendajes en la cabeza que le valieron el apodo de “la Momia”, Gómez regresó al partido (querías sacrificio físico, no?) y se aventó, apenas 14 minutos después de manchar con sangre la cancha del nuevo Corona, un golazo aún más memorable: una chilena de tiro de esquina (cobrado, fatídicamente, por Jorge Espericueta) que puso a México en la final del mundial.

Pienso por un momento lo que escribo y, con todo y el calificativo de “U17” no le quita lo sabroso: una chilena [contra Alemania] que puso a México en la final. Y ahora estos chavos, por quien nadie daba un peso – incluso después de ganar sus 3 partidos de las clasificatorias, los octavos y los cuartos de final – están a unos días de disputar, en aquel memorable Estadio Azteca, el campeonato del mundo. Y todo gracias a un par de muchachos que, muy valientemente, se pararon frente a los alemanes y dijeron – en nuestra casa, no.

No, a mí jamás me ha gustado el futbol. Pero Julio Gómez está haciendo que eso cambie.

Sueños

Pienso en tí y mi mundo se ilumina.

Sé que no eres para mí, sé que hay mejores opciones. Veo mejores opciones a diario. Pero no me importa; te veo y mi mundo se ilumina. Es como esas cosas que te pasan cuando ocurren, y por más que quieres alejarte, no puedes. No es cuestión de ética, ni de valores; es algo más visceral. Tenemos experiencia previa, pues. Y eso, a veces… cuenta más que lo que en verdad deberías tener en tu vida, por derecho y por honor.

Podría escribir sonetos en tu honor, pero no sería sano para ninguno de los involucrados que lo hiciera. La gente puede verlos y pues… se darían cuenta de mi hipocresía. Porque ya te he abandonado antes. Y no me malentiendas; te puedo abandonar de nuevo. Pero cuando estamos juntos, todo es más… rico. Jugoso, en cierto sentido. Vienes justo como me gusta, preparada con todos los proverbiales pelos y señales que me hacen vibrar. Es algo mágico, cuando estamos juntos.

No sé bien ni porqué escribo esto, salvo tal vez porque hace poco nos vimos nuevamente y mi mundo se iluminó de nuevo.

Me encantas, eres todo lo que busco en alguien como tú…

Nunca te vuelvas a alejar. Te he extrañado…

…gnomo.

El dolor es temporal (pero eso no quiere decir que no duela)

Hay un dicho por ahí que aplica en la mayoría de los deportes – bueno, en la mayoría de las actividades de la vida: “El dolor es temporal. La victoria es eterna”. Y sí, es la esencia del “ni quién te quite lo bailado”, o del honor, o de un legado, o cualquier cosa similar.

La cosa es que… MALDITA SEA, Sí DUELE!! Al menos mientras lo estás viviendo, dices “changos… esto está cañón”. El asunto sale a relucir hoy (y a estas horas) porque me la he pasado [medio|mal|pseudo]durmiendo con una tremenda amigdalitis. O sea, anginas. Y aunque sé que hay dolores mucho peores allá afuera (y yo mismo he sufrido algunos), este no deja de tener su peculiar sentido de diversión, con eso de que cada vez que mi cuerpo ejercita ese viejo reflejo de tragar saliva me acuerdo perfectamente de la ubicación, tamaño, código postal, CURP y otros detalles íntimamente personales de cada una de mis amígdalas. Incluyendo, por supuesto, su tremenda población bacterial.

El punto es que estuve inconsciente menos de 3 horas en toda la noche, y eso echándole porras a mi cuerpo. En esencia, tragar cualquier cosa me duele (tal vez es un mecanismo de defensa de la bacteria?), respirar no es muy divertido que digamos (una ruleta con un 30% de probabilidad de dolor), y aunque ya no tengo fiebre ni sufro de alucinaciones como hace 2 días, sigo teniendo ciertos dolores corporales muy específicos y a la vez aleatorios (o sea… qué tiene que ver con la gripa, o infección de garganta, o algo generalmente relacionado con el aparato respiratorio, que de repente me empiece a punzar el pie? En serio, WTF, agente patógeno?) que en suma me mantienen con una esperanza de vida de YA POR FAVOR DÉJENME SALIR. Pero no me quejo 🙂

(Mientras escribía el párrafo anterior tragué 4 veces. Así que cualquier falta de hortografía serían muy amables en ignorar).

Pendientes:

– Escribir la canción (ya tengo la idea, ya tengo la tonada).
– Escribir el resumen del juego de mesa (ya tengo la idea, y creo que hasta un bosquejo del tablero).
– Sugerir amigdalectomía junto con circunsición, como “paquete” a hospitales (ok ok, no soy tan cruel).

Baaaaahhhhhhh….