Parte 2: arrogancia

“Fue mucha la arrogancia.”
– Mefis

Ya escribi hace poco acerca de la arrogancia. Es una palabra tan, pero tan interesante.

Hace muchos años, cuando estaba en la universidad, conoci el sitio de tvtropes. Hay una cita de Terry Pratchett que me parecio intrigante desde el principio, y mientras mas la digiero mas me asombra la certeza de sus, je, palabras.

“Elves are wonderful. They provoke wonder.
Elves are marvellous. They cause marvels.
Elves are fantastic. They create fantasies.
Elves are glamorous. They project glamour.
Elves are enchanting. They weave enchantment.
Elves are terrific. They beget terror.
The thing about words is that meanings can twist just like a snake, and if you want to find snakes look for them behind words that have changed their meaning.
No one ever said elves are nice.
Elves are bad.”

La cuestion sobre las palabras es que los significados pueden enredarse tal cual vibora, y si quieres encontrar viboras, buscalas detras de palabras que han cambiado su significado.

La arrogancia se define de muchas maneras. Pero hace alrededor de un año me la encontre en Webster (en ingles), y la definicion tiene dos hipervinculos, uno de ellos: presumptuous. Y dentro de este: propriety. Esta ultima palabra se traduce en español como propiedad, en la acepcion hacia lo que es apropiado, adecuado. Y que interesante: el español tiene solo un termino para este significado y para el, mas usual, de “lo que me pertenece”. Pero en ingles, propriety es diferente a property.

Y me puse a investigar. Resulta que, como comente en el post de Energia, estas palabras todas vienen del latin propius. Pero propius no es un termino relacionado con posesiones. Para eso, los romanos utilizaban dominium. Incluso, parece que el concepto de “propiedad” para posesiones viene de una corrupcion idiomatica durante la edad media, resultado del estudio de la legislacion romana.

Al decir que tomamos decisiones no optimas, percibiendo que hacemos esto bastante mas frecuentemente de lo que quisieramos, hay un entendido implicito: que hay otras decisiones, mas optimas, mas apropiadas. Creo que al tomar estas decisiones no estamos siendo “malos”, y no deberia venir asociado a un sentimiento de culpa (mas sobre esto, mas tarde). Creo, por supuesto, que estas decisiones a veces no se sienten como tal: un adicto “no puede” cambiar sus maneras, “el trauma” no es algo a lo que le podamos dar la vuelta tan facil, etc. Hasta lo tomamos de mofa: “todo bien en casa?1“.

Tambien, mas sobre esto mas tarde. Por ahora, regreso a Pratchett, y a las palabras que se han enredado. Porque la arrogancia se percibe, desde fuera y desde dentro.

Y creo firmemente que el camino para tomar decisiones mas apropiadas, comienza con darnos cuenta de dichas arrogancias. Cuando las vemos desde dentro, apuntar como estamos siendo arrogantes. Reconocerlo, admitirlo, y aceptarlo. Sera parte nuestra por ahora; tal vez luego tocara que no lo sea, pero eso sera en el futuro. Esto es suficiente al principio. Y al ver la arrogancia en otrxs? No se trata de corregir a nadie. Si acaso, poner distancia. Digo: si a nosotros mismos nos concedemos el tiempo, no sera justo hacerlo asi para lxs demas?

Sobre todo cuando es mucha.2

  1. Hace muchos annos me evaluaron como tal en una encuesta de trabajo, y me senti avergonzado. Cuando era ninno, mi mama me acusaba a veces de ser el “lobito presumido” (de donde lo saco, ya no recuerdo) por compartir con las demas personas mis juguetes, o lo que habia aprendido, etc. No era sin motivo; desde esa edad hacia ya cosas que no me enorgullecen, en aras de ser reconocido por mis amigos. Nada horrible, solo deshonesto: decirles que mi mama ya me habia dado permiso para que fueran a mi casa, o a mi mama que necesitabamos ir por algo de la escuela. Era muy joven para saberlo, pero ya estaba siendo arrogante. ↩︎
  2. No me escapa la arrogancia que puede existir en un post con dejo de proselitismo. Creo que no hay tal. Creo que no estoy siendo inapropiado. ↩︎

Parte 1: caos

Todo empieza con el caos.

Somos agentes del caos. Permiteme el argumento: como individuos, pero tambien como sociedades, tomamos de una manera alarmantemente consistente las no-mejores decisiones. A veces, las peores. A veces, a proposito.

Es interesante pensar en esta situacion. Porque, cuando tomamos una “mala decision” “a proposito”, podriamos argumentar que estamos “en problemas”. Los proverbiales, los que cuestan trabajo toda la vida. Alguna eventualidad emocional, perdida o enamoramiento o depresion. Alguna adiccion, tal vez. Un punto de vista o forma de pensar que sabemos, sentimos que esta corrupta en su esencia: algo dentro de nosotros nos dice que no esta bien.

Sentimos un cierto desagrado, un “asquito” visceral. Pero lo toleramos. Es mas: lo aprendemos a disfrutar! Es un gusto adquirido, decimos.

Como si pelear contra nuestra naturaleza fuera algo bueno.

Si, los humanos somos adaptables. Es probablemente la cualidad que nos ha mantenido vivos como especie. Y probablemente sea la que nos acabe destruyendo, tambien. Nuestras adaptaciones, como aquella escena de Fifth Element:

Fifth Element – Zorg

Hey, see now how all your so-called power serves for absolutely nothing.

He estado pensando mucho sobre el caos. Y el orden. Dualidades, balances. Rascando hasta el fondo que me sea posible, en el oceano de mis gustos adquiridos. Tratando de no ahogarme en el intento, y tal vez, llegar a la raiz de algo fundamental.

Creo que todo empieza con aceptar nuestro caos. Entropia. Es la cualidad fundamental de la vida, del universo: mas caos.

Everything that happens on Earth […] happens in the process of converting fewer, higher energy photons, into 20 times as many lower energy photons.

Somos caos.

Todos. Todo.

Aqui empieza.

Empatia

Me parece de repente que la empatia humana y sus limites estan muy ligados al sentido de la vista; nuestro concepto mas grande de comunidad que todavia genera un sentido de responsabilidad personal (al menos de manera natural) es nuestro vecindario. Las personas que alcanzamos a ver, observar; percibir. Esto es consistente moviendonos hacia la intimidad de la familia y la pareja (y enfatiza la importancia de las buenas relaciones en estos circulos).

De manera correspondiente, los sentidos mas intimos son aquellos que podemos relacionar con interacciones mas intimas (gusto, olfato, tacto) y tienen tambien un rango de percepcion menor a los otros (vista, oido).

Nuestra vida tiene que cambiar. Radicalmente.

Tiene que cambiar porque, de otra manera, vamos a morir. Claro, todos ibamos a morir de todas maneras. Pero la situacion actual garantiza la muerte mucho mas rapido y mas duro de lo que podriamos haber esperado. Nos pone en un contexto donde conceptos como “ahorro para el retiro” y “fronteras” se tienen que poner en el cajon de “cosas que solian importar mucho pero no tienen futuro”, junto con los titulos nobiliarios y la virginidad (entiendo y lamento si esto ofende tu moralidad; me gustaria que me permitieras expandir en ello contigo en otro momento).

Y para lograr esos cambios, es necesario un gran salto de empatia. Es necesario reconocernos a todos, cada humano en el planeta, en un gigantesco gran navio. Es mas que eso: sobre nosotros caera tambien el destino de la vasta mayoria de la vida animal, vegetal, fungi, protista, bacterial, etc. del planeta. Nos hemos convertido en una terriblemente ironica arca de Noe, que va navegando en el borde de la cascada. “We’re all on the same boat, on the brink of the fall”. Tal vez seria mas apropiado vernos en los dias previos al diluvio. Nada anda mal. Aun.

Solo asi podemos pensar en las soluciones. Porque representan un sacrificio INMENSO. He empezado a disfrutar los sabores de las comidas con una mezcla de presencia (o mi mejor intento de estar presente) y pre-nostalgia. Como pensando, tal vez el siguiente verano ya no haya de esto. Tengo algunas compras estrategicas que aun no realizo pero que creo importantes (porque no se como viene lo que viene, pero creo que “caos” no es una expectativa irracional). No tengo casa propia en el pais donde vivo, asi que no puedo pensar en una estrategia a largo plazo con una hortaliza, etc. Entonces, barajeo opciones que involucran regresar a Mexico, o irme a otro pais. Tengo mis dudas, politicas, geograficas y climaticas, sobre el futuro aqui.

Cambiarme a otro pais ha sido una de las cosas mas dificiles que he tenido que hacer en mi vida. Y mi estilo de vida aqui es, en ciertos rubros, incomprensiblemente desconectado de lo que vivi toda mi vida antes de llegar aca. Por resumir muchos hilos en una frase: aqui se me permite ser. Parte ha sido la soledad. Parte ha sido tener 师 que me han iluminado en algun angulo. Pero tambien ha sido este entorno. Lo contextualizo asi para que quede muy claro mi enfasis: Yo no tengo ningun deseo de irme de aqui.

Y aun asi, si es necesario, hare el sacrificio.

Tambien tengo un entendimiento de lo que implica. Creo que parte de mi ambivalencia ante el tema de la crisis climatica (al menos en terminos practicos) se resume en que estaba como avestruz, con la cabeza enterrada. Y creo que fue una “decision inconsciente”, por asi decirlo: sabiendo la inmensidad del salto requerido, e incapaz de afrontarlo con temple, simplemente segui ignorandolo.

Ya no lo puedo ignorar mas. He tomado mis decisiones y trazado mi ruta con ciertas consideraciones “en caso de”. Sigue siendo un bosquejo rapido, con la plena expectativa de cambios sin previo aviso. Algo asi como un plan en caso de desastre, pero (1) sabes que el desastre llegara, y (2) al no conocer la forma, tienes un par de opciones y una tercera generica “enfrentaremos lo que venga”. Y por lo tanto, pienso en ello con mucha mayor frecuencia.

Todo esto para decir: necesitamos reconocer nuestro barco. Y necesitamos recordar los viejos adagios de “don’t rock the boat”, y todas las demas analogias aplicables. Porque es un barco, y estamos en medio de la nada. Nadie nos va a venir a salvar, si no nos salvamos nosotros. Y si, tal vez ya no hay salida. Tal vez es el Titanic. Pero conviene ver si no hay salida, no?

Y, sobre todo: la pelicula no se acaba en el naufragio. No nos vamos a saltar decadas en la narrativa. La vamos a vivir. Yo prefiero ir construyendo un mundo donde el futuro, naufragio o heroica salvacion o lo que sea, se viva entre personas mas empaticas.

Quiero hacer de la empatia, mi vida. No queda mas. Necesitamos irnos oliendo. Tocando. Probando.

Acercarnos tanto al otro en el dia a dia, que reconozcamos su olor. Le podemos regalar desodorante, si somos sensibles al hacerlo. O reconocer que tal vez eso vendria mejor de su familia, y hacer nuestras narices un poco mas resistentes; nos vendria bien. Oler la humedad en su ropa, y entender un poco mejor donde y como vive. Oler su aliento y darnos cuenta que volvio a consumir eso que no le hace tanto bien; acercarnos, platicar, darnos un abrazo.

Sintiendo como se les eriza la piel del frio, o que tienen fiebre. Que tienen un musculo torcido, tal vez por estres. Ofrecernos la mano para aliviarnos una transicion, sosteniendoles si vemos que estan cayendo.

Sentandonos a comer. Probar su comida; que ingredientes usan? Sabores que no conocemos, sensaciones que no habiamos tenido. Tal vez toman te, o algo fermentado. Tal vez su agua sabe diferente. Tal vez no tienen agua, y les podemos convidar.

Acercarnos mas, con mas personas, mas lejos. Ahi es donde podemos seguir creciendo.

En todo lo demas: ya no. Si queremos tener alguna esperanza de sobrevivir el diluvio que viene.

La pastilla no es opcional

Hace mas o menos un año, como parte de una saga medica que lleva unos tres años y contando, me diagnosticaron con TDAH. Fue dificil obtener la referencia de mi doctor (que despues de 5 minutos de conocerme tenia la certeza completa de que yo no tenia TDAH); y despues de todo, yo solo traia sospechas. Habia visto unos videos (de este canal) que me convencieron de esto. Tal vez ya he escrito de esto antes.

Pero cuando tres diferentes especialistas me entrevistaron, pusieron a prueba y analizado, estuvieron de acuerdo: soy un caso tipico de TDAH sin diagnosticar. Porque menciono esto? Porque el medicamento es la pastilla a la que hago referencia en el titulo, y se ha vuelto una regla en mi vida (en la medida en la que una persona con TDAH puede manejar reglas en su vida, ja): la pastilla no es opcional.

Si aplico un poco de introspeccion, viendo como soy cuando me tomo mi medicamento y cuando no lo hago… la diferencia es noche y dia. Suelo describirlo como “el mundo estaba en blanco y negro, y de pronto descubri que tenia colores.” Puedo estar mas atento; me aburro menos, o mejor dicho, puedo estar mas tranquilo con el aburrimiento. Pienso en una manera mas enfocada, me distrae menos el hambre (en cierta manera, desaparece), y en mil diminutas maneras, me siento mas tranquilo. Menos estresado.

Y la suma se nota. Mucho.

Es una gran fortuna haber logrado entender esto de mi, y apreciar lo maravilloso que es volverse a conocer. Porque ahi dentro, habia una persona que no podia salir; que estaba demasiado agobiado por TODO. Esa persona es quien conoci desde aproximadamente mi adolescencia, y hasta hace muy poco ha tenido oportunidad de salir.

Pero curiosamente, van surgiendo otras ansiedades. Porque voy reconociendo las cosas que nunca aprendi, y la brecha es amplia. Hay tanto mas que tengo que aprender a tener en cuenta. Y hay momentos donde esto se siente agobiante tambien, y entonces tengo ganas de escapar. Y escapo, como puedo. Un rato, me digo. Necesitamos esto para seguir adelante mañana. Etc.

Y me voy dando cuenta que la autoredefinicion es peligrosa tambien. Porque es valido entonces cuestionar TODO en tu vida. Incluyendo algunas cortesias, o viejas reglas que rompo tentativamente. Con un comentario, una implicacion, una mirada. Buscando aprobacion, claro. Realizando el analisis forense de las interacciones. Estuvo bien? Voy bien?

A veces pienso que tengo todo el poder, y puedo moldear mi vida. Y entonces me miro en el espejo. Quien eres? Quien quieres ser, realmente?

A veces pienso que no podemos controlar nada. Y me miro hacia adentro. Que percibo? Que esta pasando, realmente?

Es un baile enriquecedor, y muy cansado. Siempre he pensado que es mejor entre dos. Ultimamente, tal vez entre mas.

La pastilla no es opcional. Y le doy espacio a (la vasta mayoria de) lo demas, que vaya tirando raices. Que se vaya marcando el surco del rio. Trato de resolver lo simple, lo inmediato. Me entrego, porque por mi raza hablara el espiritu. Pero no busco ser el capitan.

P.D.: Y por eso mi trabajo me es tan cansado, a veces: porque ya no busco ser el capitan.

Visceralandia

Time, wondrous time
Gave me the blues and then purple pink skies

Si aquellos nueve meses fueron una montaña rusa emocional, los nueve pasados han sido uno de esos juegos que te sacan disparado al cielo, sin la anticipación de la salida (ni la fila de tres horas para entrar).

Cuando comencé este post, querida lectora, estaba en la fase de “mareado”. El juego ya había acabado, estaba cuestionándome mi juicio de haber entrado, pero aún estaba muy golpeado del viaje como para hacer otra cosa más que sentarme y contemplar mi predilección por las malas decisiones.

Pero ahora? Con un poquito más de perspectiva y de meditación, de últimas conversaciones apilándose una sobre otra, de estar en el metafórico estacionamiento, comenzando a hacer cuentas sobre todo lo que me gasté en esta visita, con un conato de latigazo en el cuello y a la vez triste y feliz de que sea hora de ir a casa… Ahora? Lo que siento es que debo ahondar en mi insistencia de regresar, una y otra vez, a Visceralandia.

Take the words for what they are, a dwindling, mercurial high
A drug that only worked the first few hundred times

El deseo de regresar está apuntalado de varios lugares: por un lado, la tremenda soledad, esa que tiene una ineludible habilidad de manifestarse, te guste o no, aprovechando el mas mínimo resquicio en tu (cuidadosamente cultivado) mosaico de actividades, buenos pensamientos y endorfinas de noble procedencia. También se alimenta de esos malos hábitos que se disfrazan de buenos, y que como esas hermosas canciones van erosionando, poco a poco, la supuesta fortaleza emocional que has construido; que si bien sirven de catalizador para abrir la válvula de presión emocional, son como un canto de sirena mientras caminas en el borde de un precipicio que conoces bien, y que no por eso se vuelve menos riesgoso.

La verdad es que Visceralandia es un hermoso lugar. No hay nada más delicioso en la vida que sentir, y sentir duro es una droga deliciosa. El vacío en el estómago de la incertidumbre, la ilusion; el fuego que se viene cociendo de años y que, como piloto al que le abrimos repentinamente el gas, está listo para envolvernos con su gloria calurosa; la esperanza, ni inquebrantable ni inmortal, pero resurgente, como fénix, que sugiere que tal vez esta vez, esta vez, es la correcta. Es lo mismo que persigue quien se lanza de un paracaídas, se echa una línea o compra compulsivamente: es perseguir un high que experimentaste alguna vez, que nunca vas a poder experimentar igual y que siempre sera insuficiente en la memoria. Visceralandia bienviene a todos estos, supongo, pero mi acercamiento aquel de quien busca el roce la mano, el entendimiento entre miradas, el lenguaje entre los poros. Busco la chispa y el incendio que le sucede; y veo las cenizas y los cuerpos como un costo necesario, que me resquebraja siempre que lo enfrento pero que jamás me ha detenido antes de iniciar. Es un deseo puramente egoísta, disfrazado de abnegación.

I’m a crumpled up piece of paper lying here

Hacer cuentas tiene otra particularidad, y es enfrentarse con la confirmacion numerica de una reciente iluminación: vengo cargando con una piedrita muy especial llamada inseguridad. Específicamente, la inseguridad de nunca ser suficiente. Sí, suficiente para ti.

Es difícil apuntar exactamente al origen de este trauma, y más difícil todavía responder si esto significa, por sí mismo, que no estoy listo para una relación. Pero puedo ver claramente los síntomas, dibujados en ese eterno espíritu de complacer que he racionalizado como una disposición a entregarme plenamente al objeto de mi amor. Tal vez sí tenga esa disposición; pero lo innegable es que la utilizo, como un perverso traje de la piel de otro, para cubrir impulsos que no tienen un origen noble. Quiero probarme. Quiero demostrarme. Ante mi, en parte, pero sobre todo ante ti. Quiero tu aprobación.

Inevitablemente, acabo gastado, acabado, asqueado por tu inabilidad de apreciarme, de juzgar apropiadamente mis sacrificios, resentido por la asimetría de la situación. Harto. Resuelto a no repetir, a no volver a dejar que me malvaloren de esta manera. Y así llevo ya casi veinte años. Como un Sísifo que, apenas habiendo alcanzado su cima, pierde la memoria, se pregunta qué hace esa piedra allá abajo, y vuelve a comenzar.

I’m fine with my spite,
And my tears, and my beers and my candles
.

No sé a dónde quería llegar con este post. Hasta ahora parece más un vomito verbal que algo productivo. Pero me relaja. Me tranquiliza el ruido mental que de tiempo en tiempo me satura; y en honor a eso lo dejo escrito, y lo publico. Tal vez en un tiempo voltearé a ver esto y pensaré “ay no, otra vez”. Tal vez me alegre de haber salido de ahí. Pero me lo debo. Y si algo he aprendido y reforzado desde hace unos años es a ser un poquito más justo con mis necesidades.

Visceralandia no se va a ir a ningún lado. Es rico abrir el álbum de vez en cuando, y recordar las genuinamente maravillosas experiencias que compartimos ahí. Tal vez lo visitemos de nuevo, juntos. Tal vez vaya con diferente compañía; tal vez aprenda algún oscuro secreto de los lamas para disfrutarlo por mi cuenta. Pero sé que no lo puedo dejar; todos tenemos nuestras adicciones. Espero que verlo en ese contexto sea, al menos, suficiente para no perderme ahí adentro, y con un poco de suerte, evitar una visita al médico después.

Sobre todo cuando el médico te manda a casa con puro paracetamol.

Hoy te extrañé

Fue un día increíble.

A pesar de desvelarme, me desperté con relativa facilidad y logré hacer mi rutina mañanera sin ningún tropiezo. Suena a un paso muy pequeño, pero es un pasito que le da tranquilidad a mi día. He estado súper enfocado en esas pequeñas victorias, no en una manera ansiosa (al menos, intento que no sea así), sino en el ánimo de “adelante, tú puedes, un pequeño paso para este hombre.” Y me gusta empezar el día así.

Me preparé y escogí un atuendo que me hiciera ver razonablemente bien, dentro de lo limitado de mi guardarropa. Combiné apropiadamente mis zapatos, mi cinturón, mis calcetines. Escogí un saco que le fuera en color (aunque solo tengo dos, aunque me quede ya grande). Pasitos. Feel good, be good. Preparé cuidadosamente mis extras para el almuerzo, porque sé por experiencia que un sandwich y fruta no será suficiente, ni con todo el café del mundo. Porque malpasarse está mal. Porque la experiencia no sirve de nada si no aplicamos los conocimientos aprendidos.

Emprendí el camino. A diferencia del año anterior, este año lo hice en la bici. Quién me viera, en bici, de saco, con una bolsa de espinaca en la mochila para mi comida. Tanto ha cambiado, en lo que parece ser tan poco tiempo. Tanto he cambiado. Y me sienta bien. Sigo siendo yo, vuelvo a ser yo. Parece que por fin soy el que siempre había querido ser.

Tuve un día de triunfos en el trabajo. No, no grandes triunfos. No me dieron un aumento ni logré conquistar alguna cima nevada. Pero muchos, pequeños triunfos. Corregir, por fin, mi problema con el cable de red. Seguir reacostumbrándome a la “nueva normalidad.” Disfrutar el café como un gusto, no una muleta para aguantar el día. Cohesión de equipo. Lunch con ritmo, no desesperación. Salir a una hora razonable, cuidando mis tiempos respecto a otras obligaciones.

Y entremezclado entre ellos? Mi primera llamada, 100% en holandés. Hice mi pregunta en el gemeente, con nervios, con dudas, pero lo hice. Y me entendieron y les entendí. No tan pequeños logros.

Salí con un clima que amenazaba lluvia. Hubiera sido facilísimo cancelar todo el plan de la tarde y regresar directo a casa, por si acaso. Pero el miedo a cosas tran triviales como la lluvia es algo que estoy superando, poco a poco. Fuí al centro y me metí, curioseando, al estacionamiento subterráneo de bicis. Nunca había entrado. Es increíble! Gratis, amplio, autoservicio, y al final del día los dispositivos para estacionar la bici arriba de otra no son nada del otro mundo. Varios pequeños objetivos cumplidos. Ah, y si llovía? No biggie. Mi jamelgo estaría seguro ahí dentro.

Fui a mi cita. Y también, en la puerta, y en la ventanilla: 100% holandés. Y les entendí, y me entendieron. A diferencia de otras ocasiones, no me cambiaron a inglés. Me preguntaron si quería cambiar. Pero decidí presionar y seguir adelante. Y les entendí, y me entendieron. Y salí con mi trámite hecho, y mucho sentimiento bonito en el corazón. Hinchado de alegría.

Y tenía una hora para matar, y pude irme a un café a perder el tiempo. Pero en vez de eso hice el súper especial que me había eludido por estar fuera de mis rutas usuales, a pesar aún de tener que enfrentarme con la posible fila que siempre veo para entrar a esa tienda. Pero no había cola y entré y compré lo necesario, y aún con el tiempo un poco encima seguí a mi otro objetivo espontáneo, y logré más pequeños objetivos de largo plazo. Logré contener mi impulso de gastar, logré decidir “siempre no, esto no me queda bien”, y salí con justo lo que quería y a un precio razonable.

Y reafirmé que aquí el tiempo dura más y llegué a mi segunda cita con facilidad, a pesar de que intenté cancelarla por internet momentos antes, pero no se pudo. Y dije “por algo pasan las cosas” y logré también avanzar ese trámite, aunque al final me faltaron las fuerzas para terminarlo, pero con la seguridad de que puedo continuarlo otro día, acompañado tal vez, con otros ojos que me den opinión y refuercen mis decisiones, porque en gustos se rompen géneros y a lo mejor necesito una perspectiva diferente que me diga “anda, Sergio, anímate” o “no, Sergio, es demasiado grande ese salto.” O simplemente “no te queda.”

Y en vez de dejarme caer al gusto de la gula y el hambre mantuve mis objetivos, y regresé a casa y comí lo que tenía planeado ya, sin gastar más, y luego pagué (casi todas) mis cuentas de este mes y me sentí muy afortunado de poder hacerlo así, con calma, sin el estrés de matemáticas que usualmente salen, pero a veces muy al raz, y a veces amenazan apretarse literalmente el cinturón durante el mes. Y acomodé mis cosas y me senté aquí en mi escritorio, pensando que el día había pasado muy bien y que estaba muy feliz de todo.

Y luego me acordé de ti. Y te extrañé.

Paginación

La memoria es un ente impresionante. Awesome, diría en inglés. Me recuerda esta cita de Pratchett que siempre me ha gustado:

“Elves are wonderful. They provoke wonder.
Elves are marvellous. They cause marvels.
Elves are fantastic. They create fantasies.
Elves are glamorous. They project glamour.
Elves are enchanting. They weave enchantment.
Elves are terrific. They beget terror.
The thing about words is that meanings can twist just like a snake, and if you want to find snakes look for them behind words that have changed their meaning.
No one ever said elves are nice.
Elves are bad.”

 Terry Pratchett, Lords and Ladies

Por supuesto, awesome inspiraría awe. Eso, a su vez, me recuerda esta escena de Red Dragon:

“Fear is not what you owe me, Mr. Lowe. You owe me AWE”

La memoria inspira eso, “awe”. Una buena definición para estos propósitos sería “fear and reverence”. Eso me inspira la memoria. Reverencia, por supuesto, por su incomprensible complejidad. Miedo, a veces, cuando pienso en la muerte, en la efímera naturaleza de nuestras vidas y acciones. Pero hoy, hoy es esa combinación.

En particular me sorprende la habilidad que tenemos de paginar. Cualquier persona que haya estudiado memoria en computadoras sabe exactamente a lo que me refiero, pero para los que no, la explicación más sencilla* que se me ocurre es la siguiente:

Imagina que tu computadora tiene espacio (memoria) para correr 3 programas al mismo tiempo. Pero tú, usuario multitarea con variadas actividades en tu idea, necesitas 4. Qué puede hacer tu computadora? Pedirte más RAM? No, claro que no. En vez de eso, se la pasa haciendo malabares. Si necesitas programa A, B y C al mismo tiempo ahorita, entonces manda al programa D al aire. El aire, en esta analogía, es el disco duro (almacenamiento, que no es lo mismo a memoria). Si el siguiente instante necesitas a B, C y D, la computadora toma a D del aire, y manda a A a volar. Y así, malabares, todo el tiempo.

Los últimos días, y de manera completamente involuntaria, he estado recuperando páginas que estaban en el aire (léase: en almacenamiento) desde hacía años. Los catalizadores han sido variados: música vieja, el sonido de las olas, algún episodio repetido de alguna serie. Lo interesante no es eso, desde mi perspectiva. Es esa maravillosa habilidad de nuestra mente de enterrar contextos completos. Porque cuando me refiero a que he estado recuperando páginas, no me refiero a pedacitos de recuerdos. Me refiero al estado mental que tenía en aquellos momentos. Recuperar el Zeitgeist, como dijeran los alemanes.

Me ha hecho reflexionar sobre muchas cosas. Las decisiones tomadas. Los planes a futuro. Le da un contexto importantísimo a mi condición actual. Todo esto lo agradezco.

Pero, atrás de todo eso… awe.

* Sí, ya sé que la paginación no trabaja sobre espacios de memoria de procesos completos. Ni la analogía ni la explicacion simplificada se benefician de este conocimiento.

The mirror

You don’t know yourself, because you never can. The Godhead is never an object of it’s own knowledge. Just as a knife doesn’t cut itself, fire doesn’t burn itself, light doesn’t illumine itself. It’s always an endless mystery to itself.

Alan Watts

De todas las validaciones posibles, la más poderosa y adictiva (para mi, al menos) es la que te dice “te acepto como eres. Así, como eres ahorita. Como eras antes, y como vas a ser después.” Eso es amor para mí.

Consecuentemente, el rechazo más poderoso es el que dice “no, gracias.” Uno sutilmente más doloroso es el que dice “veo potencial, si tan solo cambiaras X…” En diferentes momentos de mi vida, he sufrido por el primero, escapado corriendo o hecho maromas por el segundo.

Dijera el poeta, “¿pero qué necesidad?” No te basta, Sergio, con lo que tienes ya? No te falta “nada.” De qué, exactamente, te quejas? Tus decisiones te llevaron al lugar en donde estás, y si quieres cambiar algo, pues anda y cámbialo, pero no sigas rascándole de más a una costra que no deja de sangrar. Parfavar.

Los psicólogos me apuntarán directamente a Maslow, o tal vez a Kenrick. Textbook case, dirían. Y tiene sentido. Es parte de ser humano, después de todo. Este sentido de pertenencia, y no hay tribu más fundamental que la de la pareja.

That´s it boys. Pack it up.

Pero…

El último par de días he estado rumiando una idea. Nació de noche mientras escuchaba algo para quedarme dormido. Y al día siguiente leí un poco y me encontré con la frase citada al principio. “Ándale,” pense. “Por ahí va la cosa.”

Porque decir “pues es que necesitas validación” solo responde parcialmente la pregunta. OK, sí. I’m needy. Pero… porqué? Qué tiene de especial la validación? Si lo que buscas tiene un fundamento biológico, ve y come chocolate (y paga lo que debes.) Si es algo más… de qué naturaleza es? Cómo puedo pretender “trascender” a esta “debilidad” si no entiendo su naturaleza? Me atrevo a llamarla debilidad, pero, y si no lo es? Y si es algo que debo estimular? No me sirve una respuesta incompleta, pues.

Y bueno, tampoco es como si fuera a escribir una tesis al respecto (de hecho siento que este post esta muy patéticamente desmenuzado para haber tomado un par de días de fermentación.) Pero al menos, es un avance. Un intento de mejora.

Total que a la conclusión que llegué es: lo que ando buscando es un espejo.

"Ahhhh! Buscas un accesorio! No una persona con necesidades y opiniones!" No, calma. No estoy diciendo que solamente busco un espejo. Estoy diciendo que mi necesidad de validación surge de mi deseo de un espejo.

La madrastra de la bella durmiente quería un espejo que la validara: que le dijera que era ella la más bella de todo el reino. Suena padre, pero no es lo que busco. No quiero ese tipo de validación. Además de ser, en mi muy humilde opinión, una salida fácil, es aburrido. No necesito ni quiero ser el mejor, no necesito ni quiero tener siempre la razón. Lo que sí quiero, necesito, es ser visto.

Let me tell you, it’s a weird thing to feel at 54 years old, that for the first time in your life your mother sees you. It’s an odd realization that that’s the thing you’ve been missing, the only thing you wanted all along, to be seen.

Bojack Horseman, Free Churro.

Por supuesto que para Bojack esto no es un momento de felicidad, en varios aspectos. Pero resuena conmigo. Es difícil ir por la vida sintiéndose incomprendido. Es más difícil todavía sentirse injustamente incomprendido. Como si no te hubieran dado oportunidad de explicar. Tal vez por eso dedico tiempo a escribir largas elucubraciones que no tienen sentido práctico. But dammit, I just want to be seen.

Milestones

Ayer cumplí 100 días sin fumar.

Es la tercera vez que dejo de fumar. Me permito ya llamarle a esta aventura “dejarlo” porque 100 días ya es algo significativo y porque ya no siento esa ansia de fumar. A veces, muy a veces, siento antojo. Que es muy diferente. Pero luego me acuerdo de lo que conlleva ese antojo (el asqueroso sabor en la boca, el sentirme observado y juzgado, la culpa de tirar la ceniza hacia abajo, la culpa después de fumar) y se me quita, fácil.

Es la tercera vez. La verdad es que marcar las otras dos veces es un duro ejercicio de memoria, pero sé que duraron al menos unos años cada una. Tres años? Cinco años? Quién sabe. La última vez que volví a fumar, recuerdo bien, lo hice porque “me gusta fumar.” Y, en cierta medida, es cierto. Me gusta tener eso, mío. Me gusta cómo me hace sentir durante. El rush de la nicotina es rico. Me gustan los Zippo. Hasta era un bonding experience con mis hermanos (creo que en parte por eso empecé, in the very beginning).

Al escribir el título del post me puse a pensar. Milestones. Sí, mile stones. Markers. Pero también, en cierta medida, millstones. Nos pesan, estas metas, porque vivir pensando en “el camino” es durísimo. Qué pasa una vez que llegas? Buscas otra meta? Vives constantemente en búsqueda de otro reto? Qué tensión. Qué estrés.

Pude celebrar varios milestones este año. Algunos los he celebrado, en privado. Algunos otros, pocos, en público (o al menos con selecta compañía). Algunos los he minimizado, porque siento que el camino todavía no acaba. Pero otros más quiero eliminarlos, borrarlos de mi memoria, ni siquiera considerarlos como logros. Y otros más, los persigo, y en esta persecución los alejo cada vez más. Millstones.

Completamente sin relacion: acabo de darle zoom out a la página (por accidente, algo tremendamente fácil de lograr con el touchpad) y me doy cuenta que WP se ve muchísimo mejor en 50%. Un poco de esfuerzo para los ojos, tal vez, pero le da muchisima más perspectiva a lo que estás escribiendo. El zoom por default te centra demasiado en un párrafo y no te da un sentido del contexto del post. Le doy like!

En fin, solo quería escribir algo para conmemorar el momento. 100 días. Here’s to 1000.

¿Porqué es importante saber de ‘la política’?

Hace un par de años me decía un buen amigo que era importante que yo le hiciera caso a “esas cosas de la política” que, por admisión propia, no me interesaban. Lo veía como un desperdicio: tenía cosas más importantes que hacer. La escuela, el trabajo, la novia, el americano… “¿A mí que me importa? Nada más pierden el tiempo y cuando algo no les parece, paran el tráfico y molestan a la gente.”

Mis amigos me comentan que, en este respecto, he cambiado prácticamente 180 grados en muy poco tiempo. Nadie se lo explica, y a la mayoría le incomoda; dicen que me he vuelto muy “grillero”, o que siempre ando “con lo mismo”, y que este tipo de conversación cansa y debería dejarla, mejor, para “otro momento”. Independientemente de que ese ‘otro momento’ parece estar agendado para un 29 de Febrero (no “nunca”, pero ciertamente muy lejos y en periodicidad alargada), me da curiosidad la reticencia que antes observaba casi religiosamente en mí mismo. Me he puesto a pensar en las razones que tiene uno para alejarse del tema, y porqué es importante evitar este alejamiento.

Primero, la raíz del problema. Cuando hablamos de “la política”, nosotros los mexicanos tenemos usualmente un cuadro mental muy definido: si no estás “metido en el negocio” (i.e. eres ya un político profesional), entonces seguramente eres un “palero”, “grillero”, “agitador”, o “borrego”. Cada uno tiene su significado muy especial, y no ahondaré en el tema porque casi todos conocemos estas palabras. En resumen: no tienes algo mejor que hacer. Te empecinas en “hacer borlote”, o te gusta “ir a la bulla”, en vez de hacer “algo productivo” – o, como le encanta decir a la gente, “ponerte a trabajar”. Las razones de esto, creo yo, se pueden rastrear a cómo la mayoría de las personas percibimos “la política” por primera vez.

En la escuela, nos enseñan los conceptos de democracia, igualdad y participación desde muy jóvenes – al menos según dicen los programas oficiales de la SEP. Sin embargo, ¿cuánta igualdad se demuestra en los salones de clase? ¿Cuánta participación se fomenta? Yo recuerdo muy bien los abucheos y minimizaciones de los alumnos considerados como “los más mensos”, así como la glorificación de “Nuestra Señora Directora”, etc. En ese respecto, ¿con qué tipo de educación política creen que se forman los niños y niñas? Y ni hablar de nuestras casas: cuando hablamos de “la política” real, la de “los adultos”, los comentarios suelen ser derogatorios – orientados a “son una bola de corruptos”, sentimiento que no es actualmente errado – o peor aún, minimizadores: “pues sí, así son las cosas… ni modo”.

¿Y qué pasa cuando salimos al mundo? La extensión de la “cultura política” en el mundo de los adultos parece resumirse en los spots del IFE para promover el voto: desde su formación, hemos pasado del 67%, al 63%, al 59% y al 64% en las elecciones presidenciales. El abstencionismo electoral es un problema tremebundo, primordialmente fundamentado en el hecho de que las elecciones mexicanas parecen ser inútiles (un hecho, a su vez, primordialmente fundamentado porque tenemos un sistema de mayoría proporcional – algo que conviene discutir a detalle en su propio post, después). Esto puede ser comprobado fácilmente con cifras del crecimiento económico – otro tema que también, insisto, merece su propio post – pero para la vasta mayoría de la gente la evidencia numérica es redundante. En su mayoría, el ciudadano mexicano está tan jod– ahem, tan amolado – como lo ha estado siempre.

Esta inercia socioeconómica, por ponerle algún término rimbombante, codifica en nuestras mentes que eso de “la política” es una inutilidad. ¿Qué caso tiene “ir al borlote” (llámese este una marcha, elección, o incluso una discusión amistosa) si nada va a cambiar? La inercia, aparentemente, genera más inercia.

Por otro lado está la parte de corrupción de nuestros representantes. La vasta mayoría de los mexicanos aceptamos como un fact of life que los políticos son corruptos, aunque esta sea una idea nebulosa que no necesariamente está fundamentada en evidencia. Es un “feeling”. Una de esas cosas que “se saben”. Lo escalofriante es lo certero que es este sentimiento. La evidencia es vasta y diversa: los representantes plurinominales (donde el problema no es tanto el concepto, sino la implementación), el maluso de recursos públicos, el descarado cinismo (o tal vez indiferencia) de “las autoridades” ante el sufrimiento del pueblo… aunque esto, debo reconocerlo, no es ajeno de la población en general. Al ciudadano promedio de Ciudad Juárez poco le importa el “indio” tarahumara de su propio estado; mucho menos a un “Godínez” cualquiera del DF.

Después de alienar a la mitad de los lectores (o causar una explosión de pestañas con tanto link), creo que quedan claras las razones de este desentendimiento general del tema. Más al punto: ¿Porqué es importante “meterse” en el asunto?

Y que conste, no hablamos de lanzarse por un puesto de elección popular, aunque no es cosa del otro mundo. El punto es: ¿en qué nos beneficia una participación más activa en los temas del ramo político? La respuesta es sencilla: porque el valiente vive hasta que el cobarde quiere. ¿Porqué tenemos políticos tan corruptos y tan cínicos? Fácil: porque los dejamos. ¿Porqué se derrochan cantidades tan obscenas de dinero en banalidades, una y otra vez? Porque han aprendido que poco se les cuestiona. ¿Cómo logran pasar leyes y reformas tan terribles (escoge aquí tu ejemplo)? Porque nadie protesta, porque los seguimos votando (o dejamos que los voten) en sus puestos. En resumen: porque no participamos.

Dice Fernando Savater (via Denise Dresser) que “El ciudadano favorito de las autoridades es el idiota” y habla con una boca llena de razón, como dijera mi madre. Así nos quieren: idiotas. Desinformados. Apáticos. ¿Ya estuvo bueno, no?

Hay muchas maneras de participar: ir a marchas, sí, pero también fomentar la discusión de estos temas en los hogares y con los amigos, el tomar el voto como una responsabilidad cívica, y no como una molestia o algo que “a mí no me toca”. Recordar que no son “las autoridades” aquellos que se encumbran en su “poder”, son servidores públicos, representantes de la voluntad popular. Estudiar bien estas palabras: servidor no es derogatorio, y la voluntad popular no significa que todo tenga que ser un referéndum. Recordar lo que (supuestamente) enseñan desde la primaria: que todas estas cosas son nuestro derecho, y más aún, nuestra obligación como ciudadanos.

Sí, dije obligación. No porque no seamos habitantes de la Sierra quiere decir que el destino de los que sí lo son nos es ajeno. Todo nos afecta: así funciona nuestra economía, y nuestra sociedad. Si mi hijo o hija atienda una escuela particular no me exime de las particularidades de la reforma educativa. Si yo ando en bicicleta, no significa que no me afectan los resultados de la reforma energética. Y sí, hay mejores expertos que yo en el tema; pero eso no quiere decir que no pueda aprender más, entender mejor el tema, y opinar acordemente. La postura de “I got mine” (algo así como “yo ya tengo mi trabajo/casa/familia/salario, ¿a mí que me importa?) únicamente lleva a que, eventualmente, dejes de tenerlo.

De otra manera, estamos condenados a más de lo mismo.